sábado, 5 de octubre de 2013

Club de Campo

sábado, 5 de octubre de 2013 0
Casi exactamente los años de existencia de esta Peña Gastronómica son los que Antonio Maseda ha estado al frente de la hostelería en el Club de Campo de La Fresneda, y por eso y porque ha anunciado su próxima jubilación hemos querido hacer una comida en el Club en forma de homenaje a su buena labor, seriedad y profesionalida todos estos años. El menú elegido para el evento ha comenzado con unos calamares frescos y unos bocartes rellenos estupendos, para pasar a continuación a una fabada correcta, abundante y en su punto. De postre una selección de quesos asturianos, entre los que destacaban dos de afuega el pitu y ahumado de Pria y Peñamellera. Como casi ninguna comida por esta tierra se termina sin algo dulce, dimos cuenta de unos sabrosos frisuelos con chocolate, placer máximo para los más "llambiones". Cafes y licores digestivos en la estupenda terraza del Club, que dirige con mano firma nuestro compañero Juan Muga. 

Bon apetit


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


   

jueves, 18 de julio de 2013

De Asturias, el sabor.

jueves, 18 de julio de 2013 0

Asturias es montaña y es mar; y entre el baile de los verdes coronados en picos blancos y una santa, y el azul cielo y azul cantábrico perlado de niebla y bruma, está el sabor que es, en el Principado, natural, de la tierra y del mar y de la creatividad culinaria bien armada, tan armada que luce una estrella Michelín y dos soles de la guía Repsol… Hablamos del restaurante Real Balneario Salinas.
Es bien sabido que a comer se empieza mucho antes de acercarse el primer bocado a los labios, se empieza cuando el hambre despierta el deseo y se hace presente el antojo, cuando los aromas te envuelven e incitan, cuando la boca se te hace agua, cuando revisas la carta ajustando tu elección y también mientras esperas, paciente, que tus deseos te sean servidos al plato; cabe que sea en esa espera, breve a ser posible, donde se frague el éxito o fracaso del menú…
En este punto en el Real Balneario Salinas te ganarán por la mano, porque esperarás mirando al mar, al Cantábrico más vivo y a su playa, de modo que para cuando lleguen tus antojos a la mesa, sentirás la calma justa y necesaria para saborear y degustar las delicias merecedoras del reconocimiento nacional e internacional, y de las que es culpable confesa una familia con dilatada tradición hostelera y gastronómica en Asturias, los Loya y, en esta ocasión y lugar, de entre ellos, Miguel e Isaac Loya.
La clave de su cocina gira entorno a dos parámetros, la materia prima que es siempre de primera calidad, y el buen hacer de los Loya entre fogones entrelazando de modo magistral el respeto y devoción hacia la tradición gastronómica asturiana y la personal comprensión que de ella hacen Miguel e Isaac.
Resulta siempre difícil decidir qué pedir a la vista de la carta, en cambio salta a la vista lo que no puedes dejar de pedir… Bogavante del Cantábrico, cocido o a la plancha al modo tradicional y acompañado de una salsa o en propuestas más propias, más de vanguardia, como en ensalada, tartar o asado sobre jugo de naranja azafranada.
Degusta Asturias en toda la magnificencia de sus sabores y hazlo poniendo al Cantábrico por testigo… en el Real Balneario de Salinas.

 http://loffit.abc.es/2013/07/17/de-asturias-el-sabor/

lunes, 15 de abril de 2013

“La Marina te llama”

lunes, 15 de abril de 2013 0

Al final de los años sesenta del pasado siglo (y parece que fue ayer) la armada española había emprendido un proceso de modernización con la puesta en servicio de nuevos navíos y nuevas tecnologías. Pero las máquinas nada son sin personal y por ello el Arma necesitaba incorporar a sus efectivos personal con preparación adecuada y también a quienes quisiesen adquirir los conocimientos necesarios dentro de la vida castrense.
Por lo que emprendió una campaña publicitaria que se apoyaba en esta frase.
Los integrantes de la Peña hemos sentido a principios de este mes esa llamada….Un poco tarde mayormente, he de reconocerlo, y además, no fue la Marina quien me llamó, si no nuestro colega Pepe Mallo.
El motivo no era el mismo, aunque la conversación que mantuvimos podía perfectamente haber empezado por ahí: “¿Vienes el sábado a La Marina?… ¡No, en esa no tontu! En la de Puerto de Vega (lo de tontú no lo dijo, porque Pepe ye educau, pero estoy seguro de que lo pensó).
Y la verdad es que tendría que haberme dado cuenta de ello antes, porque estuvimos allí en otra ocasión; y trajimos buen recuerdo.
En fin: el caso es que a la una menos cuarto nos recogió a los quince participantes nuestro Ribelbús de cabecera para llevarnos a destino.
Seguiríamos el mismo protocolo que la vez anterior, primero a Cartavio y luego retroceder un poco hasta donde naciese el Marqués de Santa Cruz.
Coincidencia en la ruta y coincidencia climática, porque la vez pasada llovió, y esta también. El viaje resulta ahora un poco más breve por haber entrado ya en servicio un tramo más de la autopista de occidente. Está bien, pero mejor sería que los plazos previstos se hubiesen cumplido, y lo de El Bao ya estuviese solucionado, pero ciertamente tardamos un poco menos.

Rapón con Ramón
El Rapón ya sabéis lo que es: una especie de tortu típica de la zona, adecuada para el picoteo ya abrir boca. Ramón fue el vino de acompañar: Ramón Blibao. Que debe de estar haciendo promoción de la botella “magnum”, porque de esas nos sirvieron, y como observé después algo parecido en El Cafetín de la Plaza Mayor pues…
Bueno: el caso es que tras la degustación regresamos al microbús y con el día mejorando francamente, llegamos a Puerto de Vega en tiempo preciso para pasar directamente a la mesa.
Antes de partir del Hotel Cartavio echamos un vistazo a la hermosa morada de nuestro compañero Pepe, tan bien atalayada en la finca, y rodeada de verdes campos que custodian fieros canes.

¡Se sienten , coño!
No hizo falta decir nada de esto, quien más y quien menos le apetecía comenzar la colación, que no se hizo esperar.
Comenzamos con un pate, más bien una “mousse” de marisco muy buena y luego, en lugar de repetir la ensalada tibia de la vez anterior, nos sirvieron pulpo con patatas.
Después llegó el plato fuerte: el arroz con langostinos. Muy rico, pero menos suelto que la vez pasada. Abundante nadie quedó insatisfecho.

                                                                                                                                      
Los postres de La Marina son de calidad y el vino de la comida fue para la mayoría un Albariño rico y que estaba a temperatura adecuada.
La comida fue distendida y aun hubo tiempo para dar un pequeño paseo hasta el espigón del puerto. Ya que la tarde quedó soleada, no podíamos perder la oportunidad de gozar de unos minutos del sol primaveral; del que andamos tan escasos.
Esa circunstancia ha favorecido también que la foto de rigor se pudiese hacer a gusto y no sólo esa si no algunas más. Testimonio gráfico de que estábamos felices y contentos.

¡Y ahora nos espera mayo, con sus flores!

Santiago González Estrada

 

lunes, 4 de febrero de 2013

Jornadas Gastronómicas de la caza en Felechosa

lunes, 4 de febrero de 2013 0


En febrero el Restaurante De Torres y sus Jornadas Gastronómicas de la Caza (este año en su vigesimotercera edición) son cita irrenunciable para la Peña Gastronómica de la Fresneda. Irrenunciable por la calidad del producto, la generosidad de las raciones-acorde al apetito regio de los comensales y la exquisita atención que todos los años nos brinda el personal de la casa.

El día, para cumplir con todos los cánones, frío, con agua-nieve que no llegó a sustanciarse en trapeo contundente y un manto blanco que cubría los prados cercanos a Felechosa. Parada inicial, como en anteriores años, en el Restaurante Les Foces de El Pino, donde pudimos degustar un chorizo magnífico, en crudo y ligeramente tostado, con el picor justo y un aroma ahumado delicioso. No fueron pocos los intrépidos comensales que lo “atacaron” sin miedo, aún a sabiendas de la contundencia del menú que nos esperaba un poco más adelante.

En esta cita acordamos con De Torres una pequeña modificación respecto al menú de años anteriores que fue el sustituir el picadillo de venado y jabalí por una ensalada de perdiz escabechada con jamón ibérico, costrones de pan y su propio escabeche. Acertada elección, a mi modesto entender, ya que aparte del fino sabor del marinado, aligeraba el condumio en su conjunto. Tras la ensalada escalopines de venado, pimientos del piquillo rellenos de jabalí y un guiso estrella merecedor de nuestros mayores halagos todos los años, la caldereta de jabalí y venado con patatinos. De postres panchón y casadiella (sublime esta casadiella de De Torres).

Digerimos todo gracias a un rioja Viñedos de Eguiluz crianza de 2007 y los consabidos licores y espirituosos.

Cumplimos la ortodoxia con la foto junto al oso y su esbardu y regresamos con el ánimo sereno que hace que la memoria olvide iras y agravios.

Juan R. Hevia 










domingo, 13 de enero de 2013

La Coccinea

domingo, 13 de enero de 2013 0

Hacía ya mucho que no organizabamos una comida en uno de los restaurantes más conocidos y visitados de La Fresneda, desde una comida en diciembre del 2004, de la que guardabamos buen recuerdo.
 Total, que se decidió comenzar el año en casa, no en vano es sede de la Peña Madridista local, de la Tertulia y lugar de reunión habitual de muchos de los vecinos de La Fresneda,  y tanto Juan antes como Feli y su marido Juan Zarabozo ahora, son buenos amigos y excelentes profesionales.
 El menú estaba articulado alrededor de una guisado de patatas con rabo de buey, muy abundante y sabroso, con unos entrantes calientes a base de parrochas con jamón y croquetas de morcilla, y un segundo plato de escalopines de ternera al cabrales. De postre, arroz con leche y frisuelos y, como no, un poco de un buen queso Cabrales, una atención de los propietarios.
Una jornada estupenda que sin duda marcará la tendencia de este año que tiene continuación el próximo mes en la tradicional comida en las jornadas de caza de Felechosa.

Bon apetit
      
 
 
 
 




    

martes, 18 de diciembre de 2012

Sidrería Mayte

martes, 18 de diciembre de 2012 0
Para terminar el año y antes de los festines típicos de Navidad nos vamos a comer a la Sidrería Mayte, de Lugo de Llanera, que regenta con mano diestra nuestro compañero de cofradía Inocente Aparicio y familia. Un menú suculento y abundante compuesto de unos entrantes calientes, un plato de fabes con marisco (almejas, calamares, andaricas y pulpo), una cazuela de bacalao a la vizcaina y unos escalopines al cabrales. De postre arroz con leche o tarta de turrón y los cafes y digestivos obligados para tal ocasión, todo ello regado con un estupendo crianza de Ramón Bilbao. 

Bon apetit



domingo, 18 de noviembre de 2012

De illas a San Martín

domingo, 18 de noviembre de 2012 0
O lo mismo, de La Tenada a La Cabaña, que es como Eduardo Méndez Riestra ha titulado este artículo sobre dos restaurantes singulares y los menús más singulares aún que ha podido degustar. 


Eduardo Méndez Riestra, Canal de gastronomía de El Comercio 

Como con unos cuantos amigos en una casa de la que había oído hablar pero aún no había pisado: La Tenada, en el concejo de Illas, unos 9 kilómetros al SO de Avilés, por la carretera AS-237 primero y la IA-1 después, en la capital del concejo, oficialmente La Callezuela –con nombre que parece exógeno– y que al párroco no convence mucho, porque dice que en todas las actas de la iglesia aquello aparece como Illas sin más. Nos acompaña el alcalde, Alberto Tirador (IU), que debería ser modelo de saber hacer, cortesía y discreción para muchos ediles asturianos (por eso seguramente tiene ocho de los nueve concejales).

También lo hace Esther Álvarez, la dueña de la fábrica de quesos de La Peral, otro de los lugares del concejo. El rótulo de la entrada, junto al ábside de la iglesia parroquial, no engaña, aunque intriga: «Hoy tenemos lo de todos los días», pero no añade más. ¿Y qué tienen todos los días? Pues nada menos que pote (y fabada, si es miércoles), adobu con huevo frito y patatas, picadillo, callos, carne gobernada, cordero, queso de La Peral con membrillo, borrachinos y arroz con leche. Lo malo (o lo bueno) es que no se trata de un menú para elegir, sino que ése es el menú para cada comensal, algo que un servidor no veía desde los lejanos días de Casa Herminia, en Campiello (Tineo), una especie de banquete medieval.



¿Hay servicio de ambulancias?, pregunto. No, porque cada uno come sólo lo que le pide el cuerpo: una cucharada, una patata…aunque no faltan los que no dejan ni el rastro. El precio es también fijo: 20 euros por cabeza, incluyendo Rioja y chupitos. Isabel Alonso Mons, en la cocina, y su cuñado, Poldo, en la sala, saben lo que se hacen. Me dicen que hasta hace poco comer aquí requería entrar en lista de espera, pero la crisis ahora lo ha hecho más fácil. Es sin embargo un excelente remedio para la crisis y yo me quedo con sus callos, por no hablar del postre sorpresa que nos preparó el repostero Miguel Sierra (otro superdiscreto), que nos acompañó también en el pantagruélico almuerzo. sábado, 10 A mi edad, dos pitanzas seguidas ya se aguantan mal; pero hoy tengo una cita a la que acudo cada año desde un lejano no sé cuántos en que mi viejo –por antiguo– amigo Vidal Peña me llevó a Sotrondio a comer el tradicional pote de nabos del día de San Martín (que en rigor es el 11). Esta vez es la veterana periodista Marcela Zapico la que nos convoca en su pueblo a otro grupo de amigos y nos lleva a La Cabaña, de nuevo en las inmediaciones de la iglesia.

Del menú tradicional –pote de nabos, callos y casadielles– a mí los nabos siempre me han dejado un poco frío, aunque respeto la tradición. Sin embargo, los callos de La Cabaña están de impresión (como otra vez que ya los habíamos probado Marcela y yo: ella es una propagandista de estos callos y con razón). Algunos comensales del grupo compran raciones extras para llevarse a casa y yo me habría apuntado de no ser por las prisas.

Es callo picado menudo, como debe ser, lo justo de untuoso (sin llegar a lo de aquel alcalde de Oviedo que gustaba de que le quedaran los labios pegados) y de picante (sólo graciosos). Pero sobre todo sabroso y limpio. Aunque me tengo por hombre prudente en la mesa, me descubro repitiéndolos por cuarta vez y me freno, aunque los boles siguen medio llenos, para servir a voluntad. La tarde de perros que imaginaba no llegó y todavía pude ir al cine a ver ‘En la casa’, una joya francesa que recomiendo no perder, basada en ‘El chico de la última fila’, una obra del español Juan Mayorga, un literato que es también matemático (y se nota). Y aún pude cenar algo, aunque no me tengo por fartón.

martes, 9 de octubre de 2012

La Cerezal de Viella

martes, 9 de octubre de 2012 0
En el antiguo edificio de la sidrería Las Brañuelas, que durante años mantuvo en Viella la tradición de buena sidra y unos sabrosos buñuelos, practicamente desaparecidos de las cartas de todos los restaurantes, pasando a engrosar la lista de los llamados "platos viejunos", aquellos que van quedando en el olvido, tal como algunos que han pasado al olvido víctimas de la globalización del gusto y del esnobismo gastronómico, como el san jacobo, el coctel de gambas, el melón con jamón, la tarta al whisky o el flan con nata.
Pues bien, en este antiguo local, en la misma carretera AS-17 (Riaño-Avilés) hoy autovía a medio terminar y que ha cortado todos los caminos tradicionales, de forma que han dejado aislados peatonalmente los nucleos de población que cruza, desde la Fresneda hasta Bobes, han abierto recientemente el restaurante La Cerezal, que viene a ser una sucursal del conocido restaurante del mismo nombre en San Martín de Collera, Ribadesella, y que trae a Siero su especialidad en arroces, de la mano de dos jóvenes hermanos, aficionados a los deportes al aire libre, muy bien preparados y de muy buen trato.
Este restaurante ha sido el elegido para comenzar la temporada gastronómica y el guiso de arroz con bogavante el motivo principal. La previsión era que aprovecharamos la cercanía para ir dando un paseo desde la propia urbanización, pero al final solo un pequeño grupo se animó a cruzar por el camino que lleva desde el club hasta la carretera de la Belga y de ahí, por la vega cercana al rio Noreña, con el nivel mas bajo de agua que se recuerda, salir al propio restaurante evitando la autovía. Como el día lo permitía comimos en una terraza acristalada, amplia y luminosa, comenzando con unos sencillos entremesas de cecina y bocartes, para pasar al arroz con bogavante, ligeramente caldoso, muy abundante y correcto, todo ello con vinos blanco y tinto adecuados, un postre tradicional, sino recuerdo mal una tarta al queso, y los cafes y licores habituales completaron una comida plácida que retomaremos, probablemente de forma más contundente, el próximo mes de noviembre de la mano de nuestro compañero Guillermo. 

Bon apetit      




 Por la izquierda, "El tigre de Teatinos" (fino estilista) y "El Paparazzi" 
disputandose la casera ("cosas veredes, amigo Sancho...")
 El grupo al completo, por la izquierda, Miguel, Vicente, Pedro, Pepe, Juan Ramón, Guillermo,
 Julián, Mariano, Santi, Virgilio y Alvaro. Agachados: Aurelio, Inocente, Emilio, Tino y Juan


   

miércoles, 18 de julio de 2012

Industrias

miércoles, 18 de julio de 2012 0

lunes, 25 de junio de 2012

Marmitako en Vizcaya, ajos en Santander, peñas en Asturias...

lunes, 25 de junio de 2012 3

El marmitako es un plato típico de los marineros vascos del cual hay tantas versiones como puertos y cocineros en los barcos de pesca de estos lares. A mi modo de ver hay tres ingredientes obligados en este plato, que son: bonito, patata y pimiento verde (en esto estoy con JLC, me consta que hay quien no utiliza el pimiento verde, pero yo siempre lo he visto preparar con él y pienso que por el sabor característico que aporta al plato, el no utilizarlo lo desvirtúa, quedará muy bien y muy rico, pero quedará diferente).
También comparto con jlc que el bonito debe ser añadido a la cazuela al final de la cocción, ya que, como bien dice él, de lo contrario quedará muy seco. Pero por otra parte, pienso que añadirlo ya con el fuego apagado no ayuda a que la patata tome el sabor del pescado, yo lo sdiciono en los últimos 2-3 últimos minutos de cocción, revolviendo un poco y con muchísimo cuidado para no desbaratar el bonito, apago, tapo y dejo otros 5 minutos de reposo antes de servir.
Otro de los puntos importantes a la hora de preparar el plato es el cascado de las patatas. Cascándolas hacemos que las paredes de la patata queden más porosas y con ello aseguramos el intercambio de sabores.
Otro detalle importante, cuando la patata está blanda, suele venir bien aplastar dentro del recipiente alguna patata, con ello conseguiremos engordar la salsa con el almidón que aporta el tubérculo.
Como se dijo anteriormente, éste es uno de los clásicos platos que ha tomado el nombre del recipiente en el que se oficia. Su preparación no es complicada y los resultados están garantizados. Me acuerdo la de la primera vez que lo preparé, fue para mi cuadrilla de amigos y la verdad es que resultó un éxito total.
Hay otros marmitakos preparados con otros tipos de pescado azul, pero ya no son "marmitako", podrán ser marmitako de atún, marmitako de hicharro, etc...
 
 J.L.Polo

viernes, 22 de junio de 2012

Fogones ovetenses

viernes, 22 de junio de 2012 0
La vigencia de unos clásicos PDF Imprimir E-mail
Eduardo Méndez Riestra   

He cumplido ya medio siglo de comensal público, lo que no sé si me colma de alegría o de tristeza. En todo caso, esos cincuenta tacos están llenos de aromas de los fogones ovetenses, porque en Oviedo me inicié a la cosa de la mesa, en La Campana (Casa Ulpiano), de aquella calle de vinos que fue San Bernabé, adonde me llevaban puntualmente cada jueves. Por aquellos sesenta, claro está, había en la capital otras mesas en las que no sólo se comía más que bien, sino que ofrecían marco adecuado: el Malany de la calle de la Rúa, el comedor del hotel Principado, en la de San Francisco, La Paloma, en la de Argüelles, o el Cervantes, en la de Jovellanos, entre otros. Serían los cimientos sobre los que en las dos décadas siguientes se alzarían los restaurantes que han sabido consolidar el prestigio gastronómico de la ciudad.

En los nuevos años desarrollistas y democráticos el protagonismo lo alcanzaron establecimientos que ya han quedado para siempre en la historia culinaria del Principado. Ocuparon la escena nombres como Casa Conrado –sobre el mismo solar de la calle de Argüelles en el que en su día estuvo el Fornos–, Casa Fermín –por entonces en la avenida de El Cristo, ya con excelentes instalaciones–, La Gruta de los tres hermanos Cantón, en el alto de Buenavista, el Marchica, en Doctor Casal, con su elegante ‘salón rojo’ o el Pelayo, en la calle homónima, de la familia Martín, todo s los cuales venían de atrás, yendo a más. Y a mitad de aquellos años aparecerían La Goleta de Marcelo Conrado Antón, en la calle de Covadonga (donde ocupó parte del local que dejó libre un gran intento fallido, el restaurante Feudal, en los últimos sesenta, acaso la primera ‘modernidad’ de impacto) o Trascorrales, en un lugar entonces por recuperar como es la plaza del mismo nombre, como apéndices de dos de ellos, mientras Casa Fermín se instalaba en pleno centro, a dos pasos de la Escandalera o Del Arco surgía deslumbrante en la plaza de América, en el ensanche chic de la ciudad. El Casa Fermín de Luis Gil Lus sería el primer restaurante asturiano que obtendría una estrella Michelin, en 1974, y el Trascorrales de Fernando Martín se le sumaría más tarde en el estrellato, ya en los ochenta. De este potente grupo de restaurantes –y de otros no menos importantes en diversos lugares del Principado que no son objeto de este espacio hoy– habría de salir la puesta de largo de la mejor cocina asturiana, la verdadera consolidación de lo que hemos dado en llamar el Sistema Gastronómico Asturiano, algo de cuyo peso algún día los asturianos serán conscientes, estoy seguro. Como lo estoy de que representan el momento de mayor gloria gastronómica interna en toda la historia de la cocina asturiana, algo que no estoy seguro de si algún día volverá a repetirse. A tal momento, sin embargo, no sería justo hurtarle la aportación recibida desde la repostería, capítulo que en buena medida cubren las confiterías locales, aunque no sean los únicos agentes, como es fácil entender. Casas como Camilo de Blas, con sus ‘carbayones’, junto a la desaparecida estación del vasco de la calle de Jovellanos; Peñalba, con sus bombones y pastelería de corte centreuropeo, en Milicias Nacionales, o Diego Verdú, en la que antaño fuera el ombligo de Oviedo, la calle de Cimadevilla, con sus helados y turrones, son nombres golosos indisociables ya del de la propia ciudad. Aunque no los únicos: la confitería Asturias, en la calle de Covadonga, trajo el gusto de los bartolos de Laviana a la capital y aquí dejó otros muchos aciertos, sin olvidar a otros dos pilares de las dulcerías locales, como fueron y siguen siendo Rialto, vecina del desaparecido Logos, de San Francisco, o La Mallorquina, frente al Peñalba, y que hoy compite en ‘moscovitas’ con Rialto –aun bajo otro nombre, ‘mallorquinas’–, en ambos casos ideales para que el viajero a la ciudad se chupe los dedos al regreso.

Dejo con seguridad no pocas cosas en el tintero, porque el espacio de que dispongo no permite más, pero lo mencionado es suficiente para apoyar mi tesis, que repito: hablamos de tres o cuatro décadas en las que la cocina y la hostelería asturianas vistieron galas hasta entonces desconocidas, cuando un sistema gastronómico se consolidó como nunca antes ni tampoco después, cuando los restaurantistas empezaron a enterarse seriamente de lo que se cocía y lucía fuera, a fin de tomar buena nota, y cuando una clientela afortunada supo educarse con entusiasmo en la mesa y sostener con ese entusiasmo a un movimiento que construyó los cimientos más sólidos que hemos conocido en la materia.

El agua de Borines

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  José Manuel Vilabella  

Soy un reconocido bebedor de agua. No digo que soy el campeón de Asturias, porque mentiría como un canalla, pero sí les aseguro a ustedes que trasiego cada día dos litros justos, ni una gota más ni una menos.

 
 
   Ilustración: Daniel Castaño


En esto del agua los médicos son muy suyos y bastante radicales y cuando los enfermos crónicos les visitamos en su hábitat siempre nos dicen lo mismo: «Come la mitad, anda el doble y bébete dos litros de agua al día». Más allá de dos litros los riñones protestan y si ingieres menos cantidad, y eres un anciano comatoso, pueden ocurrirte horribles desgracias personales.

El agua que yo bebo es del grifo o de Borines. Una es agua con cloro, agua sanísima, y la otra es agua con agujeritos. La primera la consumo en mi casa y la de Borines siempre que la veo en la carta del restaurante. El gastrólogo, que nació en plena guerra civil, estuvo con su mamá en la cola del aceite y es hijo de la escasez, del pan negro y también del pollo lujoso, el de corral, y del sifón.

El pan blanco apareció en España allá por los principios de los cincuenta y el sifón siempre estuvo ahí, con las cosas que daban de balde en bares y sitios donde se guisaba de comer: los palillos, las servilletas de papel, el vasito de agua para el niño, el uso del retrete con su áspero papel El Elefante. Tenía el sifón como una tristeza de postguerra; era una bomba, sí, pero de la paz, y presumía de ser pariente lejano del champagne, aunque todos sabíamos que sólo era primo de la gaseosa. De joven me tengo emborrachado con sifón y sonetos, mirándome en los ojos verdes de señoritas rubias con las que compartía ripios y amanecidas.

Con este pasado de escasez que les acabo de relatar no es raro que me ocurra, como a los americanos, que no entienda muy bien que se consuma y se cobre el agua embotellada. Antes te daban agua con cualidades salutíferas que te ayudaban a expulsar las piedras del riñón o te curaban el estreñimiento, pero ahora, con el escepticismo de las gentes, sólo te dan el agua que lleva la botella y algunos, en plan chulo, pregonan que el agua que te cobran sólo es agua, agua que sólo sabe a agua. Ya no dan ni agujeritos ni esperanza. Qué cinismo.
Hace unas semanas me invitaron a conocer el antiguo Balneario de Borines.

Lo pasé muy bien, fueron muy amables y acogedores y además de sus planes futuros nos enseñaron lo que queda de sus glorias pretéritas. Quiere la empresa conquistar mercados nuevos y se preparan para ello con municiones actuales: diseños novedosos, botellas distintas, estrategias comerciales más agresivas. De la mano de Severino Diego Isla, el empleado más antiguo de la casa y su memoria viva, recorrimos las antiguas instalaciones del que fue famoso balneario. Qué maravilla. Todo está ajado y en desuso pero se conservan ecos de valses y mazurcas, bisbiseos de enamorados, aullidos de reumáticos, restos de pintura, rótulos del otrora. Las aguas minerales se consumen masivamente en Europa, pero sin fe; ya nadie cree en el milagro de las aguas milagrosas. Incluso Lourdes ya no es lo que era.

Las de Borines eran, y lo son todavía, aguas que reconfortan y producen magníficos efectos terapéuticos. No lo dicen porque son muy modestos y lo prohíbe la ley, pero en este balneario han mejorado de sus dolencias elegantes dispépticos, famosos hiperclorhídricos, bellísimas gastrosucorréicas, lisíaticos con un pasado alegre, además de artríticos, obesos, diabéticos y personal corriente y moliente que lo único que deseaba era conocer Asturias, tomar las aguas por si acaso y vivir tranquilo escuchando el arrullador trinar de los jilgueros.

Como estamos en tiempos difíciles los consumidores tendríamos que recuperar la fe en el agua ahora que no creemos en los economistas. El vino peleón del menú del día nos adormece, tiene el condenado taninos que rascan y anestesian; el vino que vende Asunción nos ayuda a cantar con más fervor patriótico el Asturias patria querida, pero eso no basta; pasados los efectos perversos del destilado de garrafón y del vino amargo llega la realidad con sus miserias. En Asturias necesitamos urgentemente la cordura del agua, ya que no tenemos el buen sentido de los gobernantes. Necesitamos agua en grandes cantidades para entender lo que pasa. Que venga el agua transparente con su sensatez, que acudan los bomberos del agua mineral a apagar los incendios surrealistas. Consumamos agua y exijamos a quienes nos gobiernan y a su corte de banqueros con trajes de alpaca que no corrompan nuestra agua del grifo con los vinos espurios de sus tabernas.

jueves, 10 de mayo de 2012

Restaurante La Marina

jueves, 10 de mayo de 2012 1
                 El pasado día 5 hemos celebrado la comida de la Peña correspondiente al mes de mayo.

La Marina, en Puerto de Vega ha sido el restaurante elegido por nuestro cofrade Pepe Mayo, que por lo tanto ejerció de anfitrión.
Partimos hacia el occidente catorce comensales en el Ribelbús de ordenanza con Ricardo al volante. Hacía tiempo que no salíamos en esa dirección y ello nos ha servido para comprobar que aun queda bastante para que la autovía se termine.
Hemos hecho, como acostumbramos, una parada "in itínere", pero a diferencia de otras ocasiones, fue en Cartavio; mas allá de nuestro lugar de destino. La razón fue que aprovecharíamos el aperitivo - en el Hotel Cartavio - para que el anfitrión nos pudiese mostrar desde allí "Mallo ´s Manor" y el predio que la rodea. ¡Cuanta belleza! Desde la casa, el Cantábrico cierra el horizonte y las verdes praderas son un vitaminas para el alma...
Entre parabienes al afortunado, volvimos sobre nuestros pasos hasta Puerto de Vega.
Un breve trecho desde el puerto, donde dejamos el transporte, nos llevó puntuales a La Marina.
El ritmo de la comida se acopló a la necesidad de dar al plato fuerte - arroz caldoso con gambas - el tiempo preciso para que llegase a la mesa en su punto.
Antes de ello vinieron las entradas: un sueve y sabroso paté de pescado y marisco y luego ensalada tibia de anchoas, pimientos, queso y lechuga.
Postre principalmente casero con cuajada y nueces. El vino, rioja.
El café y los chupitos de licor en su momento. Todo bien servido y en su punto y a precio razonable.

El regreso fue placentero, como la ida. Alguna que otra chanza a cuenta de la liga de futbol y los "pigazos" de costumbre...
Quedó por decidir quien, donde y cuando convoca la comida de junio. Que cerrará la temporada previa al verano.

Santiago G. Estrada 

 
 
 
La Peña Gastronómica de La Fresneda. Design by Pocket