

Como estaba previsto, asistimos puntuales a la cita en el Bodegón de Teatinos que nos habia preparado nuestro cofrade Chema. Después de unos aperitivos en la terraza pasamos al interior del restaurante que califican los propietarios como "
laberinto gastronómico" por la disposición de los salones y comedores. El local estupendo y la comida acorde con ello, empezando por unos chipirones y un surtido de patés a modo de degustación, original y sabroso. Como la circunstacia lo permitia, los segundos platos se elegieron de la carta, de forma que unos optaron por los callos, en los que son conocidos especialistas, y otros por platos como el rabo de buey, las carrilleras, los cachopos o los calamares en su tinta. Los postres no desmerecen en absoluto y por destacar algo, un milhojas de turrón fastuoso. Un buen ribera, Aster crianza y los cafés y licores digestivos de rigor cierran la primera comida del nuevo curso gastronómico, con aún muchos cofrades de vacaciones y recuperando alguna "vieja gloria" a la que se agradece su vuelta.
Foto: A. Alvarez
Salud
Asegura la gran Vanesa Ferreiro, de “O rey do pulpo”, que hay que cocinar el pulpo con ‘cariño’. Mas “cariño” es voz que proviene del latín “carere” y significa carecer. No es propio, pues, guisar con carencias. La cocina es, como bien lo refleja áticamente Sócrates Cicuta, la disciplina gastropornocibernética por excelencia, por nacer de Estómago, Sexo y Cerebro al honrar el precepto del Ducado de Gastronia que afirma: “Primum edere, deinde fornicare et denique philosophari” (Primero comer, luego fornicar y, por último, filosofar).
El sabio Trifón se expresa bien al mentar uno de los ocho rabos del pulpo, pues una vez muerto el molusco le cuelgan a éste los tentáculos a semejanza de las colas de los animales (DRAE). Trifón no se refería en particular al miembro viril del cefalópodo que, como es bien sabido, es el tercer brazo derecho del macho, suerte de órgano para la cópula con el que penetra en la cloaca de la hembra. Lo que no se recordó en el Fórum Gastronómico de Santiago es que, hace años, las mujeres pegaban con palos a los pulpos machos para ablandarles, sobre todo, el tercer brazo derecho cuya carne deleitosa se reservaba, con suma discreción, para las doncellas en su banquete de bodas. Se dice que la lucha de la especie por sobrevivir dio algunos ejemplares de pulpos zurdos, pero la mutación quedó abortada con la llegada del frío artificial.