domingo, 20 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
Jornadas de la caza en Felechosa

No hay quinto malo. El aforismo taurino ha quedado sobradamente cumplido con nuestro quinto “déjà vu” gastronómico en las Jornadas Gastronómicas de la Caza del Restaurante de Torres en Felechosa. Por quinta vez los herederos de Manuel y Milia nos han seducido con las temperaturas, texturas, sabores y olores de sus guisos. La fidelidad de la Peña Gastronómica a esta cita invernal se ve recompensada, año a año, por un menú que, no por repetido, deja de sorprendernos. Aún se le enagua la boca a este cronista al enumerar tan mayúsculo condumio. Picadillo de venado y jabalí, Escalopines de venado, Pimientos del piquillo rellenos de jabalí, Caldereta de jabalí y venado con patatinos, Casadiella y Panchón todo ello regado con vino Ribera de Duero Anta 4. Todos ellos productos del Taller Gastronómico Casa Milia que los fogones de De Torres elevan a categoría de excelente.
Cantos, chanzas, foto de rigor a los pies del úrsido y de vuelta a casa con la esperanza de que el próximo año podamos volver vernos Felechosa.
J. Hevia

Asegura la gran Vanesa Ferreiro, de “O rey do pulpo”, que hay que cocinar el pulpo con ‘cariño’. Mas “cariño” es voz que proviene del latín “carere” y significa carecer. No es propio, pues, guisar con carencias. La cocina es, como bien lo refleja áticamente Sócrates Cicuta, la disciplina gastropornocibernética por excelencia, por nacer de Estómago, Sexo y Cerebro al honrar el precepto del Ducado de Gastronia que afirma: “Primum edere, deinde fornicare et denique philosophari” (Primero comer, luego fornicar y, por último, filosofar).
El sabio Trifón se expresa bien al mentar uno de los ocho rabos del pulpo, pues una vez muerto el molusco le cuelgan a éste los tentáculos a semejanza de las colas de los animales (DRAE). Trifón no se refería en particular al miembro viril del cefalópodo que, como es bien sabido, es el tercer brazo derecho del macho, suerte de órgano para la cópula con el que penetra en la cloaca de la hembra. Lo que no se recordó en el Fórum Gastronómico de Santiago es que, hace años, las mujeres pegaban con palos a los pulpos machos para ablandarles, sobre todo, el tercer brazo derecho cuya carne deleitosa se reservaba, con suma discreción, para las doncellas en su banquete de bodas. Se dice que la lucha de la especie por sobrevivir dio algunos ejemplares de pulpos zurdos, pero la mutación quedó abortada con la llegada del frío artificial.