
lunes, 22 de noviembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
Gamoneu
lunes, 15 de noviembre de 2010
0

«El queso de Gamonedo o Gamoneu lo elaboran los pastores de la montaña de Covadonga, sobre todo en Gamonedo de Onís y Gamonedo de Cangas y en sus vegas de el Telleyu y Ceñal. Se hace con mezcla de las tres leches; aunque algunos sólo usan dos; tiene forma cilíndrica y pesa por término medio unos dos kilos; su corteza es seca, amarillenta y más bien fina; es semiduro, de pasta firme, blanca amarillenta, algo veteada de azul, de aroma intenso y sabor picante; tiene pequeños ojos en el centro y madura en cuevas, en cuyo momento se procede a su ahumado»
Pero no habiamos venido a comer queso, o exactamente, no solo queso, porque Tino nos convenció diciendo que había comida unas patatas rellenas de las de antes, y también un cabrito guisao impresionante y que de postre probariamos algo de ese queso prodigioso. Y hasta alli fuimos, con parada en Cangas para tomar una sidra. La breve subida desde Llanos de Con es suficientemente empinada como para desear volver caminando, a pesar de la pericia de Ricardo con el autobús; una vez arriba compensan las extraordinarias vistas a los Picos, en un día especialmente despejado de otoño.
Nuestro destino era un modesto bar-tienda que anuncia raciones y tapas pero que esconde mucho más, de momento nos sentamos en una mesa larga y sin pausa nos ponen unas verdinas con caza y patatas rellenas, de las que damos cuenta, algunos repetidamente. Pasado los prolegómenos, por decir algo, nos sirven el cabrito guisado, excepcionalmente tierno y abundante, tal como nos había prometido Tino. El postre obligado de queso Gamoneu elaborado en una quesería cercana, en el mismo pueblo, está sensacional y son muchos los que se apuntan a encargar alguno para llevar a casa. Un correcto crianza de Alcorta, cafés y licores digestivos, hicieron una sobremesa larga para disfrutar del momento y de la privilegiada situación en el corazón del concejo de Onís.
En suma, una de estas comidas que hacen afición y que además reunió a un grupo numerosos de cofrades y algunos invitados que a buen seguro repetirán.
Nuestro destino era un modesto bar-tienda que anuncia raciones y tapas pero que esconde mucho más, de momento nos sentamos en una mesa larga y sin pausa nos ponen unas verdinas con caza y patatas rellenas, de las que damos cuenta, algunos repetidamente. Pasado los prolegómenos, por decir algo, nos sirven el cabrito guisado, excepcionalmente tierno y abundante, tal como nos había prometido Tino. El postre obligado de queso Gamoneu elaborado en una quesería cercana, en el mismo pueblo, está sensacional y son muchos los que se apuntan a encargar alguno para llevar a casa. Un correcto crianza de Alcorta, cafés y licores digestivos, hicieron una sobremesa larga para disfrutar del momento y de la privilegiada situación en el corazón del concejo de Onís.
Salud
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Asegura la gran Vanesa Ferreiro, de “O rey do pulpo”, que hay que cocinar el pulpo con ‘cariño’. Mas “cariño” es voz que proviene del latín “carere” y significa carecer. No es propio, pues, guisar con carencias. La cocina es, como bien lo refleja áticamente Sócrates Cicuta, la disciplina gastropornocibernética por excelencia, por nacer de Estómago, Sexo y Cerebro al honrar el precepto del Ducado de Gastronia que afirma: “Primum edere, deinde fornicare et denique philosophari” (Primero comer, luego fornicar y, por último, filosofar).
El sabio Trifón se expresa bien al mentar uno de los ocho rabos del pulpo, pues una vez muerto el molusco le cuelgan a éste los tentáculos a semejanza de las colas de los animales (DRAE). Trifón no se refería en particular al miembro viril del cefalópodo que, como es bien sabido, es el tercer brazo derecho del macho, suerte de órgano para la cópula con el que penetra en la cloaca de la hembra. Lo que no se recordó en el Fórum Gastronómico de Santiago es que, hace años, las mujeres pegaban con palos a los pulpos machos para ablandarles, sobre todo, el tercer brazo derecho cuya carne deleitosa se reservaba, con suma discreción, para las doncellas en su banquete de bodas. Se dice que la lucha de la especie por sobrevivir dio algunos ejemplares de pulpos zurdos, pero la mutación quedó abortada con la llegada del frío artificial.