

Como bien dice en su página web, en Casa Telva "
La cocina es tradicional asturiana, de mercado, sin olvidar la posibilidad de degustar la tradicional gastronomía belga, dadas las raíces belgas de Ivonne. La carta es amplia, de temporada, géneros de calidad y enriquecida con las múltiples jornadas gastronómicas que, durante el año, se van sucediendo. Cada sabroso plato lleva sello autóctono y casero..." y hasta allí fuimos, gracias a la previsión de nuestro compañero Miguel Angel, en un día soleado de primavera que permitió comer en la terraza. Previamente y mientras esperamos a algunos de los cofrades, tomamos un aperitivo en el bar del pueblo y saludamos a Manolo Hevia y su esposa Mamen, imprescindibles en esta activa población de Siero.
Entre la virtudes de Casa Telva esta su situación con unas magníficas vistas sobre el valle y su proximidad al palacio de los Carreño-Solís, o palacio de Valdesoto, una buena muestra de palacio señorial del siglo XVIII.
Ya entrados en materia, saludamos al propietario Juan López Coya que nos desvela el menú que había preparado, y que consta de una selección de estupendas croquetas caseras, para seguir con una panaché de verduras de temporada excelente y de plato fuerte, una merluza en salsa de manzana muy adecuada a la estación que disfrutamos.
Un excelente rioja y los cafés y digestivos habituales completaron una agradable comida a la que contribuyó el entorno natural.
Santiago, Aurelio, Juan, Virgilio, Jose, Pepe y Pepito a la mesa
Asegura la gran Vanesa Ferreiro, de “O rey do pulpo”, que hay que cocinar el pulpo con ‘cariño’. Mas “cariño” es voz que proviene del latín “carere” y significa carecer. No es propio, pues, guisar con carencias. La cocina es, como bien lo refleja áticamente Sócrates Cicuta, la disciplina gastropornocibernética por excelencia, por nacer de Estómago, Sexo y Cerebro al honrar el precepto del Ducado de Gastronia que afirma: “Primum edere, deinde fornicare et denique philosophari” (Primero comer, luego fornicar y, por último, filosofar).
El sabio Trifón se expresa bien al mentar uno de los ocho rabos del pulpo, pues una vez muerto el molusco le cuelgan a éste los tentáculos a semejanza de las colas de los animales (DRAE). Trifón no se refería en particular al miembro viril del cefalópodo que, como es bien sabido, es el tercer brazo derecho del macho, suerte de órgano para la cópula con el que penetra en la cloaca de la hembra. Lo que no se recordó en el Fórum Gastronómico de Santiago es que, hace años, las mujeres pegaban con palos a los pulpos machos para ablandarles, sobre todo, el tercer brazo derecho cuya carne deleitosa se reservaba, con suma discreción, para las doncellas en su banquete de bodas. Se dice que la lucha de la especie por sobrevivir dio algunos ejemplares de pulpos zurdos, pero la mutación quedó abortada con la llegada del frío artificial.