
martes, 22 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Restaurante La Luna
miércoles, 9 de junio de 2010
0

Porque como muchos son los llamados, y pocos los escogidos, al final fuimos seis los que agradecimos el esfuerzo de Mino y con él - y la conductora (¿o debería decir "choferesa"?) nos encaminamos este sábado hasta el restaurante La Luna, muy cerca de Trobajo del Camino. Al lado de León.
He de decir que la cosa pintó bien desde casi el principio. Salimos del Club con una "borrina" que por momentos se convertía en suave orbayu. Pero, a la salida del túnel del Padrún las nubes eran mas altas y la carretera seca.
Nuestra ruta nos llevó Pajares arriba, por la carretera, como antes. Y trepando comodamente con el microbús perforamos las nubes de modo que antes de llegar al alto el sol nos recibió generosamente para que pudiésemos disfrutar de la vista del antiguo parador y del paisaje que le rodea. Arriba, impresionante Cuitu Negru, el Brañilín, en fin: todo.
Hicimos la parada prevista en Ezequiel, que estaba ya a esas horas casi hasta la bandera. Dos botellas de prieto picudo nos ayudaron a bajar el "pinchu" que te ponen. Que mas que pinchu ye una potera, o un oriciu, ¡qué se yo! Quisimos hacer una foto, pero por confiar en personal ajeno, no salió nada. Una pena porque seguramente que ya se nos veía felices.
Continuamos nuestra andadura y, tras tomar la desviación que nos llevaría a destino, decidimos en marcha hacer una parada cultural (o eso pensaba yo). Porque dijeron Mino y Julian: vamos parar en Cuadros. Y paramos, pero no había ningun museo, no estaba Tita Cervera (ni se la esperaba) y acabamos en un bar...Botellina rioja y "pinchu" nuevamente (esti mas moderau), y nuevamente al bus para cubrir la última parte del camino de ida.
Llegamos al restaurante La Luna puntuales, como acostumbramos hacer, hicimos una primera foto - por si acaso - y a continuación nos metimos en faena.
El menú sencillo:
Mariscos de la tierra (chorizo, jamón, cecina...)
Gambas al ajillo.
Chuletón King Size.
Surtido de tartas.
Café.
Chupitos de licor café y demás.
El chuletón no se lo saltaba un gitano con muuucha fame. Y el vino, pues seguimos con prieto picudo. ¿Para qué variar?
Un descansín, y emprendimos el regreso. Temprano, si se quiere, pero teníamos pendiente una parada en Busdongo. Pues había en la expedición quien no conocía que en el pueblo hay un establecimiento donde siempre que entras a comer algo, estrenas vajilla. Para tí y para nadie mas, porque luego la que usaste va a la basura.
Así es que entramos en Casa el Maragato y los incrédulos pudieron ver que lo dicho era verdad. Porque habíamos dejado un poco de sitio y pedimos una tapa de queso...
Que nos fue servido, como es costumbre, en un papel de estraza solo para nosotros.
La cuenta en una esquina de periódico atrasau y todo como es costumbre en el establecimiento.
Reanudamos el camino de vuelta ya envueltos en niebla. Que nos acompaño, bien espesa, hasta pasar Pajares.
No hubo cánticos, si acaso algún ronquido discreto; y en un pis-pas, llegamos a La Fresneda.
Siete ( mas la choferesa) salimos y llegamos muy bien y contentos.
Julián, Miguel Angel Duo, Mino, Pedro Mónico, Pepe Mayo, Virgilio, y el que escribió esto.
Santiago González Estrada
He de decir que la cosa pintó bien desde casi el principio. Salimos del Club con una "borrina" que por momentos se convertía en suave orbayu. Pero, a la salida del túnel del Padrún las nubes eran mas altas y la carretera seca.
Nuestra ruta nos llevó Pajares arriba, por la carretera, como antes. Y trepando comodamente con el microbús perforamos las nubes de modo que antes de llegar al alto el sol nos recibió generosamente para que pudiésemos disfrutar de la vista del antiguo parador y del paisaje que le rodea. Arriba, impresionante Cuitu Negru, el Brañilín, en fin: todo.
Hicimos la parada prevista en Ezequiel, que estaba ya a esas horas casi hasta la bandera. Dos botellas de prieto picudo nos ayudaron a bajar el "pinchu" que te ponen. Que mas que pinchu ye una potera, o un oriciu, ¡qué se yo! Quisimos hacer una foto, pero por confiar en personal ajeno, no salió nada. Una pena porque seguramente que ya se nos veía felices.
Continuamos nuestra andadura y, tras tomar la desviación que nos llevaría a destino, decidimos en marcha hacer una parada cultural (o eso pensaba yo). Porque dijeron Mino y Julian: vamos parar en Cuadros. Y paramos, pero no había ningun museo, no estaba Tita Cervera (ni se la esperaba) y acabamos en un bar...Botellina rioja y "pinchu" nuevamente (esti mas moderau), y nuevamente al bus para cubrir la última parte del camino de ida.
Llegamos al restaurante La Luna puntuales, como acostumbramos hacer, hicimos una primera foto - por si acaso - y a continuación nos metimos en faena.
El menú sencillo:
Mariscos de la tierra (chorizo, jamón, cecina...)
Gambas al ajillo.
Chuletón King Size.
Surtido de tartas.
Café.
Chupitos de licor café y demás.
El chuletón no se lo saltaba un gitano con muuucha fame. Y el vino, pues seguimos con prieto picudo. ¿Para qué variar?
Un descansín, y emprendimos el regreso. Temprano, si se quiere, pero teníamos pendiente una parada en Busdongo. Pues había en la expedición quien no conocía que en el pueblo hay un establecimiento donde siempre que entras a comer algo, estrenas vajilla. Para tí y para nadie mas, porque luego la que usaste va a la basura.
Así es que entramos en Casa el Maragato y los incrédulos pudieron ver que lo dicho era verdad. Porque habíamos dejado un poco de sitio y pedimos una tapa de queso...
Que nos fue servido, como es costumbre, en un papel de estraza solo para nosotros.
La cuenta en una esquina de periódico atrasau y todo como es costumbre en el establecimiento.
Reanudamos el camino de vuelta ya envueltos en niebla. Que nos acompaño, bien espesa, hasta pasar Pajares.
No hubo cánticos, si acaso algún ronquido discreto; y en un pis-pas, llegamos a La Fresneda.
Siete ( mas la choferesa) salimos y llegamos muy bien y contentos.
Julián, Miguel Angel Duo, Mino, Pedro Mónico, Pepe Mayo, Virgilio, y el que escribió esto.
Santiago González Estrada
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Asegura la gran Vanesa Ferreiro, de “O rey do pulpo”, que hay que cocinar el pulpo con ‘cariño’. Mas “cariño” es voz que proviene del latín “carere” y significa carecer. No es propio, pues, guisar con carencias. La cocina es, como bien lo refleja áticamente Sócrates Cicuta, la disciplina gastropornocibernética por excelencia, por nacer de Estómago, Sexo y Cerebro al honrar el precepto del Ducado de Gastronia que afirma: “Primum edere, deinde fornicare et denique philosophari” (Primero comer, luego fornicar y, por último, filosofar).
El sabio Trifón se expresa bien al mentar uno de los ocho rabos del pulpo, pues una vez muerto el molusco le cuelgan a éste los tentáculos a semejanza de las colas de los animales (DRAE). Trifón no se refería en particular al miembro viril del cefalópodo que, como es bien sabido, es el tercer brazo derecho del macho, suerte de órgano para la cópula con el que penetra en la cloaca de la hembra. Lo que no se recordó en el Fórum Gastronómico de Santiago es que, hace años, las mujeres pegaban con palos a los pulpos machos para ablandarles, sobre todo, el tercer brazo derecho cuya carne deleitosa se reservaba, con suma discreción, para las doncellas en su banquete de bodas. Se dice que la lucha de la especie por sobrevivir dio algunos ejemplares de pulpos zurdos, pero la mutación quedó abortada con la llegada del frío artificial.